Un día, de principio a fin.

Diez minutos. Sin leer, sin escribir y sin señal. Tu hijo abre Atlas y lo que sigue ya está elegido.

¡Listo! Te avisamos pronto.
La lección nunca necesita internet.

En una sesión de Atlas el tutor habla y el niño responde tocando, arrastrando y trazando: nada en la pantalla exige leer ni escribir, la sesión dura unos diez minutos, y la lección nunca necesita internet.

Tu hijo la abre.

Sin escribir, sin leer instrucciones, sin buscar nada. Atlas lo saluda por su nombre y le muestra dónde está en su mapa.

No hay un menú, ni un catálogo de cursos, ni una decisión que un niño de seis años no está en condiciones de tomar. Lo que sigue ya está elegido.

¿Mi hijo necesita saber leer para usar Atlas?

No. Nada en la pantalla exige leer. Atlas habla, dibuja, anima y canta, y todo se dice en voz alta en el idioma de la casa.

Tu hijo responde tocando, arrastrando y trazando: mueve diez bloques a dos grupos, traza un número, elige entre tres dibujos. Manipulación real, que es como se enseña de verdad la matemática temprana, y la única interfaz que le sirve a un niño que todavía no puede escribir una pregunta.

Mira el cómo, no solo el qué.

Acertar importa menos que cómo se acertó. Cuántos intentos, cuánto tardó, si hizo falta una pista. Dos niños con la misma respuesta correcta no siempre saben lo mismo.

Atlas separa lo que se respondió solo, de lo que se respondió después de una pista, de lo que se respondió después de que se lo mostraran. Una respuesta revelada por completo cuenta como evidencia de que el niño no lo sabía. Que te lo digan no es saberlo.

Decide qué sigue.

Cada pocos segundos, con lo que acaba de pasar, lo de la semana pasada, y de qué depende la siguiente habilidad: una habilidad nueva para sondear, práctica en el borde de lo que puede, un repaso que ya toca, o una base que hay que reparar.

Y lo puede explicar en una frase. «Partir el diez está flojo, y la suma de dos cifras depende de eso.»

¿Y si no hay señal?

Funciona sin internet. Mejora cuando lo tiene. La sesión no toca la red ni un minuto: ni para una pista, ni para revisar una respuesta, ni para guardar el avance.

Se instala una vez con conexión. Después el teléfono es dueño de su propio progreso, y cuando vuelva a haber señal, el avance sube y el contenido nuevo baja. Si nunca vuelve, tu hijo sigue aprendiendo igual.

¿Hay rachas, corazones o temporizadores?

No hay ninguno. Ni rachas, ni vidas que perder, ni tablas de posiciones, ni un reloj corriendo.

Las sesiones son cortas y terminan en un buen momento, no contra un muro. Son cinco paradas, con el final visible desde el principio: hay un sello, y el mapa se llena un poco. Nadie pide «una más».

Tu hijo se mantiene a propósito en el borde de lo que puede hacer, así que se equivoca alrededor de una vez de cada siete. Eso es el diseño funcionando, no el niño fallando. Cualquier premio que se vacíe con una respuesta incorrecta lo estaría castigando por eso.

Tú recibes el informe.

Se arma en el teléfono, con la misma estimación que el tutor está usando. Qué hace tu hijo sin ayuda, qué está todavía flojo, y en qué está trabajando Atlas ahora.

En palabras, no en porcentajes. Algunas semanas dirá que no se movió mucho, porque un informe que solo muestra avance no es un informe.

Y si quieres ver debajo.

El motor

Cómo elige lo que sigue: una probabilidad por habilidad y un mapa de qué depende de qué.

Mira cómo decide →

La ciencia

Por qué está construido así, y qué hay detrás de cada decisión de diseño.

Lee la ciencia →

Sin internet

Los tres momentos en que Atlas usa la red, y por qué la lección no es ninguno de ellos.

Ver cómo →

Un tutor que enseña, en el teléfono que ya tienes.

¡Listo! Te avisamos pronto.

Un correo cuando Atlas abra. Nada más.